
Hoy día el universo está repleto de preguntas sin respuestas, preguntas que parecen retóricas y que a lo largo de la historia de la humanidad han dado quebraderos de cabeza a la comunidad científica y porque no decir a la psicológica. Muchas de estas incógnitas ya se encuentran resueltas como el descubrimiento de Galileo Galilei, el cual asombró a la humanidad dando la información de que la tierra era redonda. Y como este caso podríamos citar otros tantos. Pero en otros casos no ha sido fácil una respuesta, y menos aún una respuesta unánime. Bajo mi humilde punto de vista la gran pregunta sería, ¿existe Dios? Al escuchar esta pregunta tan universal la mente se queda en blanco y empieza la búsqueda de la información almacenada: la Biblia. Pero también podemos hacer otra cuestión, ¿es cierta la información dada en el libro sagrado para los cristianos? Ante esto la información es brutal.
Numerosos historiadores de renombre han dedicado su vida o gran parte de ella a dar respuestas a estas y otras incógnitas relacionadas con la teología o con la doctrina del catolicismo. Las respuestas han dado lugar a otras teorías y así sucesivamente hasta llegar a la conclusión que la ultima teoría derivada viene a decir lo contrario que la teoría de origen. Con lo cual el ciudadano de a pie tiene un abanico enorme de posibilidades y un millón de posturas y opiniones relacionadas con esta temática. Será el propio ciudadano el que decida qué criterio debe leer o que teoría creer, en el caso de que crea alguna.
Lo cierto es que la creencia de los cristianos como de las demás grandes y pequeñas religiones, en que existe un Dios, hay que estudiarlo ya no desde un punto de vista histórico sino desde el ojo de la mente, la psicología. Para ello he tomado como referencia al Dr. Serafín mercado, investigador de la facultad de Psicología de la UNAM. Según este, el hombre a lo largo de todos los tiempos no solo ha buscado adaptaciones y soluciones a los problemas de supervivencia, sino que también ha intentado dar explicaciones a todo lo existente, incluyéndose a él mismo. La cultura, madre de la historia, ha conseguido el consensuo de ideas en diferentes culturas asentándose también en el plano político, social y económico. Con la aparición de la escritura en sus diferentes formas dio lugar a los diferentes libros sagrados: La Biblia, el Popol Vú, los Vedas, el Corán, etc. Aunque en la mayoría de las culturas del mundo su transmisión ha sido oral. Entonces habría que preguntar, ¿habrá algún tipo de verdad en las explicaciones religiosas? Para ello tendríamos que hacer un análisis crítico comparándolo con la realidad y la coherencia y sin ningún tipo de ambigüedades. Cosa bastante difícil.
Lo que no podemos dudar es que nuestra sociedad nos ha inculcado una forma de vida afirmando la existencia de ese ser divino, unas costumbres, objetos, lenguaje, etc. Hay investigadores que dicen que no basta con saber o afirmar que Dios existe. La verdad es que si nos adentramos mucho más en el campo de la psicología el abanico de duplica e incluso se triplica, y con tantas teorías y percepciones universales en vez de aclarar, nos confunden, y ante la duda es mas cómodo seguir creyendo, piensan algunos.
Ya que el intento de sacar algo en claro de la existencia de un ser todopoderoso ha sido un poco en vano, giremos el tema un poco desviándonos, todo lo que se nos deje de su origen.
Cierto es, al estudiar la realidad, que existe una religión llamada Religión Católica, basada en un dogma de fe llamado Dogma Cristiano, el cual tiene su asentamiento como tal en el 313 d. C, con el renombrado Edicto de Milan, mediante el cual el emperador romano Constantino establece que la religión del imperio debía de ser el catolicismo. A partir de aquí todos los creyentes pudieron demostrar abiertamente su fe en Dios y Jesucristo. Pero la historia nos desvela que tuvieron que olvidar muy pronto el hecho que durante tres siglos estuvieron en clandestinidad, ya que prácticamente obligaron a todo el que no pensaba igual actuar de la misma forma, pero ese es otro tema.
Recurriendo a la historia, tenemos el nombre de un hombre: Jesús. Independientemente de su acercamiento o su supuesta relación con Dios, en las siguientes líneas vamos a intentar aclarar quien fue y que hizo. Para ello vamos a tratar con numerosas fuentes históricas, en las cuales el libro sagrado tiene una especial relevancia.
Numerosos historiadores de renombre han dedicado su vida o gran parte de ella a dar respuestas a estas y otras incógnitas relacionadas con la teología o con la doctrina del catolicismo. Las respuestas han dado lugar a otras teorías y así sucesivamente hasta llegar a la conclusión que la ultima teoría derivada viene a decir lo contrario que la teoría de origen. Con lo cual el ciudadano de a pie tiene un abanico enorme de posibilidades y un millón de posturas y opiniones relacionadas con esta temática. Será el propio ciudadano el que decida qué criterio debe leer o que teoría creer, en el caso de que crea alguna.
Lo cierto es que la creencia de los cristianos como de las demás grandes y pequeñas religiones, en que existe un Dios, hay que estudiarlo ya no desde un punto de vista histórico sino desde el ojo de la mente, la psicología. Para ello he tomado como referencia al Dr. Serafín mercado, investigador de la facultad de Psicología de la UNAM. Según este, el hombre a lo largo de todos los tiempos no solo ha buscado adaptaciones y soluciones a los problemas de supervivencia, sino que también ha intentado dar explicaciones a todo lo existente, incluyéndose a él mismo. La cultura, madre de la historia, ha conseguido el consensuo de ideas en diferentes culturas asentándose también en el plano político, social y económico. Con la aparición de la escritura en sus diferentes formas dio lugar a los diferentes libros sagrados: La Biblia, el Popol Vú, los Vedas, el Corán, etc. Aunque en la mayoría de las culturas del mundo su transmisión ha sido oral. Entonces habría que preguntar, ¿habrá algún tipo de verdad en las explicaciones religiosas? Para ello tendríamos que hacer un análisis crítico comparándolo con la realidad y la coherencia y sin ningún tipo de ambigüedades. Cosa bastante difícil.
Lo que no podemos dudar es que nuestra sociedad nos ha inculcado una forma de vida afirmando la existencia de ese ser divino, unas costumbres, objetos, lenguaje, etc. Hay investigadores que dicen que no basta con saber o afirmar que Dios existe. La verdad es que si nos adentramos mucho más en el campo de la psicología el abanico de duplica e incluso se triplica, y con tantas teorías y percepciones universales en vez de aclarar, nos confunden, y ante la duda es mas cómodo seguir creyendo, piensan algunos.
Ya que el intento de sacar algo en claro de la existencia de un ser todopoderoso ha sido un poco en vano, giremos el tema un poco desviándonos, todo lo que se nos deje de su origen.
Cierto es, al estudiar la realidad, que existe una religión llamada Religión Católica, basada en un dogma de fe llamado Dogma Cristiano, el cual tiene su asentamiento como tal en el 313 d. C, con el renombrado Edicto de Milan, mediante el cual el emperador romano Constantino establece que la religión del imperio debía de ser el catolicismo. A partir de aquí todos los creyentes pudieron demostrar abiertamente su fe en Dios y Jesucristo. Pero la historia nos desvela que tuvieron que olvidar muy pronto el hecho que durante tres siglos estuvieron en clandestinidad, ya que prácticamente obligaron a todo el que no pensaba igual actuar de la misma forma, pero ese es otro tema.
Recurriendo a la historia, tenemos el nombre de un hombre: Jesús. Independientemente de su acercamiento o su supuesta relación con Dios, en las siguientes líneas vamos a intentar aclarar quien fue y que hizo. Para ello vamos a tratar con numerosas fuentes históricas, en las cuales el libro sagrado tiene una especial relevancia.
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