
Pedro I nace en la ciudad de Burgos en 1334 un 30 de Agosto. Hijo del rey Alfonso XI y de Doña María de Portugal. Su infancia llena de lujos y comodidades monacales tuvo una gran ausencia: el cariño de su padre. Criado bajo la sebera tutela de su madre y del ayo de su padre D. Juan Alonso de Albuquerque, el cual se convertiría en su consejero. Este último, miraría por los intereses de los nobles y del clero. La relación de sus padres fue muy tormentosa, ya que al tardar en darle un hijo su esposa, este decidió encontrar a otra esposa llamada Leonor de guzmán. El rey Alfonso XI murió en Tarifa a consecuencia de una gran epidemia que invadía España: la peste. Por este hecho se hizo un cortejo fúnebre desde dicha localidad hasta Sevilla.
Su madre Doña María de Portugal, de personalidad arrolladora y con grandes ansias de poder, fue una figura clave en todo el reinado de Pedro. Hija de Alonso IV de Portugal y de Doña Beatriz de Castilla y al mismo tiempo prima de su marido. Mujer cargada de venganza, influiría en muchas de las decisiones del reinado de su hijo.
El momento histórico que le tocó vivir a Pedro I no era el más relajado precisamente. España estaba dividida en dos: por un lado estaba Pedro I, rey de Castilla, y por otro lado estaba el hijo de su padre Alfonso XI y de su concubina, Leonor de Guzmán: Enrique de Trastamara.
Ambos reinos y reyes estaban enfrentados con un odio que traspasaba las fronteras políticas, tocando lazos familiares y con un rencor que le martilleaba en la cabeza a Don Pedro.
En cuanto a la sociedad española, aparte de estar dividida en dos bandos, tenía que hacer frente a una gran epidemia de peste entre 1349 y 1350, llamada la peste negra.
Como es de todos conocidos, la nobleza se ha visto beneficiada de todos los derechos políticos y económicos por parte de los reyes a lo largo de la historia de las monarquías absolutas. No iba a ser diferente en la monarquía de Pedro I, aunque sí que se hicieron reformas notables y muy progresistas y liberales considerando el marco político de la época. En el principio de su reinado, la nobleza se benefició de todos o casi todos los privilegios que Pedro les otorgaba, hasta el punto de que en la ciudad de Sevilla se hizo notar una gran diferencia entre aquellos que tenían dinero y aquellos que no. Esta diferencia no le pasó por alto al rey de Castilla. A consecuencia de esto empezó a redactar una serie de leyes mediante las cuales quitaba muchos de los privilegios a los nobles para cedérselos al pueblo llano. Pese que en la mente de Don Pedro se manejaba la idea de que este hecho le traería numerosas consecuencias por parte de los nobles, no dudó en ningún momento en seguir adelante con esta reforma, enfrentándose incluso a Don Juan Alonso de Albuquerque, su consejero. Este hecho y muchos otros más, convertían al rey de Castilla en un monarca adelantado a su tiempo en la forma de llevar un país, pero siempre juzgándolo desde el marco político, social y económico de la época. En conclusión en cuanto a su política y basándome en el libro de Jaime Passolas Jáuregui, su acción política se concretó además de en un autoritarismo monárquico, en alcanzar una situación de naturaleza centralizadora, con una economía única y un ejército único, bajo el imperio de un ordenamiento jurídico también de carácter único. Consecuencia de esta idea profundamente modernista se abría un nuevo concepto político que podría entenderse como lo que más adelante sería la nación.
En cuanto a la vida sentimental de Pedro I habría que decir que fue muy tormentosa y llena de pasiones. En un primer lugar tuvo que casarse con Blanca de Borbón, y digo tuvo porque más que un deseo personal fue una imposición con carácter estratégico político. Blanca pertenecía a la casa de los Borbones de Francia, ya que era hija de Felipe VI, rey de Francia en esta época.
Este contrato matrimonial se producía para saldar unas deudas de España con Francia. Una vez más se utilizaba a una mujer, que apenas contaba con 17 años, exclusivamente como un instrumento político que solo buscaba los intereses del estado y no el de las personas. Según lo poco que se sabe de su final, se cuenta que Blanca ya sabía que Pedro estaba enamorado de otra mujer. Blanca fue apresada y más tarde asesinada, según cuentan por el propio rey, aunque esto último históricamente no esté lo suficientemente contrastado.
Esa otra mujer respondía al nombre de María de Padilla, burguesa de Sevilla. A este matrimonio se opusieron numerosas personas de su entorno, ya que ella carecía de Sangre real. Pese a todo, a Pedro no le importo nada de eso, ya que se considera que fue su único amor. Ambos tuvieron descendencia y vivieron en el famoso Alcázar de Sevilla. Este lugar fue construido por órdenes suyas, implantando en Sevilla el estilo mudéjar. Siguiendo con esta misma línea cabría destacar la sensibilidad que tenía el rey de castilla por las artes, llegando a restaurar numerosos conventos (algunos de ellos hoy día no se conservan en Sevilla).
Si hubiera que decir el nombre del verdadero amor de Don Pedro I, sería Sevilla, llegando a ser su residencia habitual, aunque por motivos de su reinado debía viajar por casi toda la geografía española.
En cuanto al apelativo que la historia le puso de El Cruel, habría que destacar varias irregularidades. En primer lugar hay que mencionar los avances políticos y económicos que realizó en su reinado. Después, también decir en cuanto a sus famosos crímenes, que la mayoría de ellos habría que contarlos en forma de leyenda ya que se carecen de datos para afirmarlos, no todos pero si gran parte de ellos. En cuanto a los crímenes que se saben, si hubiera que juzgarlo por esos crímenes hoy día, sería uno de los mayores asesinos de la historia, pero en su época casi todo lo que fuera en contra de lo establecido por el rey tenía una única pena: la pena de muerte. También influiría el ambiente de discordia, venganza y desconfianza de la época en la que hablamos. Si esto justifica el sobrenombre de El Cruel, bajo mi punto de vista habría que ponérselo a todos o casi todos los monarcas absolutistas.
Para terminar mi humilde artículo quiero incluir unas palabras que escribió ese francés-sevillano, Don Próspero Merimee: “mientras más estudio este personaje, más satisfacciones me da. Mientras más avanzo en esta historia, más me aferro a mi primera idea de que este pobre diablo del rey no ha tenido otra culpa que haber nacido un siglo antes”.
Su madre Doña María de Portugal, de personalidad arrolladora y con grandes ansias de poder, fue una figura clave en todo el reinado de Pedro. Hija de Alonso IV de Portugal y de Doña Beatriz de Castilla y al mismo tiempo prima de su marido. Mujer cargada de venganza, influiría en muchas de las decisiones del reinado de su hijo.
El momento histórico que le tocó vivir a Pedro I no era el más relajado precisamente. España estaba dividida en dos: por un lado estaba Pedro I, rey de Castilla, y por otro lado estaba el hijo de su padre Alfonso XI y de su concubina, Leonor de Guzmán: Enrique de Trastamara.
Ambos reinos y reyes estaban enfrentados con un odio que traspasaba las fronteras políticas, tocando lazos familiares y con un rencor que le martilleaba en la cabeza a Don Pedro.
En cuanto a la sociedad española, aparte de estar dividida en dos bandos, tenía que hacer frente a una gran epidemia de peste entre 1349 y 1350, llamada la peste negra.
Como es de todos conocidos, la nobleza se ha visto beneficiada de todos los derechos políticos y económicos por parte de los reyes a lo largo de la historia de las monarquías absolutas. No iba a ser diferente en la monarquía de Pedro I, aunque sí que se hicieron reformas notables y muy progresistas y liberales considerando el marco político de la época. En el principio de su reinado, la nobleza se benefició de todos o casi todos los privilegios que Pedro les otorgaba, hasta el punto de que en la ciudad de Sevilla se hizo notar una gran diferencia entre aquellos que tenían dinero y aquellos que no. Esta diferencia no le pasó por alto al rey de Castilla. A consecuencia de esto empezó a redactar una serie de leyes mediante las cuales quitaba muchos de los privilegios a los nobles para cedérselos al pueblo llano. Pese que en la mente de Don Pedro se manejaba la idea de que este hecho le traería numerosas consecuencias por parte de los nobles, no dudó en ningún momento en seguir adelante con esta reforma, enfrentándose incluso a Don Juan Alonso de Albuquerque, su consejero. Este hecho y muchos otros más, convertían al rey de Castilla en un monarca adelantado a su tiempo en la forma de llevar un país, pero siempre juzgándolo desde el marco político, social y económico de la época. En conclusión en cuanto a su política y basándome en el libro de Jaime Passolas Jáuregui, su acción política se concretó además de en un autoritarismo monárquico, en alcanzar una situación de naturaleza centralizadora, con una economía única y un ejército único, bajo el imperio de un ordenamiento jurídico también de carácter único. Consecuencia de esta idea profundamente modernista se abría un nuevo concepto político que podría entenderse como lo que más adelante sería la nación.
En cuanto a la vida sentimental de Pedro I habría que decir que fue muy tormentosa y llena de pasiones. En un primer lugar tuvo que casarse con Blanca de Borbón, y digo tuvo porque más que un deseo personal fue una imposición con carácter estratégico político. Blanca pertenecía a la casa de los Borbones de Francia, ya que era hija de Felipe VI, rey de Francia en esta época.
Este contrato matrimonial se producía para saldar unas deudas de España con Francia. Una vez más se utilizaba a una mujer, que apenas contaba con 17 años, exclusivamente como un instrumento político que solo buscaba los intereses del estado y no el de las personas. Según lo poco que se sabe de su final, se cuenta que Blanca ya sabía que Pedro estaba enamorado de otra mujer. Blanca fue apresada y más tarde asesinada, según cuentan por el propio rey, aunque esto último históricamente no esté lo suficientemente contrastado.
Esa otra mujer respondía al nombre de María de Padilla, burguesa de Sevilla. A este matrimonio se opusieron numerosas personas de su entorno, ya que ella carecía de Sangre real. Pese a todo, a Pedro no le importo nada de eso, ya que se considera que fue su único amor. Ambos tuvieron descendencia y vivieron en el famoso Alcázar de Sevilla. Este lugar fue construido por órdenes suyas, implantando en Sevilla el estilo mudéjar. Siguiendo con esta misma línea cabría destacar la sensibilidad que tenía el rey de castilla por las artes, llegando a restaurar numerosos conventos (algunos de ellos hoy día no se conservan en Sevilla).
Si hubiera que decir el nombre del verdadero amor de Don Pedro I, sería Sevilla, llegando a ser su residencia habitual, aunque por motivos de su reinado debía viajar por casi toda la geografía española.
En cuanto al apelativo que la historia le puso de El Cruel, habría que destacar varias irregularidades. En primer lugar hay que mencionar los avances políticos y económicos que realizó en su reinado. Después, también decir en cuanto a sus famosos crímenes, que la mayoría de ellos habría que contarlos en forma de leyenda ya que se carecen de datos para afirmarlos, no todos pero si gran parte de ellos. En cuanto a los crímenes que se saben, si hubiera que juzgarlo por esos crímenes hoy día, sería uno de los mayores asesinos de la historia, pero en su época casi todo lo que fuera en contra de lo establecido por el rey tenía una única pena: la pena de muerte. También influiría el ambiente de discordia, venganza y desconfianza de la época en la que hablamos. Si esto justifica el sobrenombre de El Cruel, bajo mi punto de vista habría que ponérselo a todos o casi todos los monarcas absolutistas.
Para terminar mi humilde artículo quiero incluir unas palabras que escribió ese francés-sevillano, Don Próspero Merimee: “mientras más estudio este personaje, más satisfacciones me da. Mientras más avanzo en esta historia, más me aferro a mi primera idea de que este pobre diablo del rey no ha tenido otra culpa que haber nacido un siglo antes”.
